La Isla de Ons tiene fama de ser un remanso de paz, un lugar para desconectar y relajarse. Pero yo, que soy de espíritu inquieto, me preguntaba que ver en Ons sin aburrirme. ¡Y vaya si me equivoqué! Ons tiene tanto que ofrecer que me faltaron horas para disfrutar de todo.
Lo primero que hice al llegar fue calzarme las botas de senderismo y lanzarme a explorar los senderos que serpentean la isla. Dejé atrás el bullicio del puerto y me adentré en un mundo de naturaleza salvaje. Descubrí acantilados imponentes, playas escondidas y bosques llenos de vida. Cada paso era una sorpresa, una nueva perspectiva de este paraíso natural.
Me detuve en el Buraco do Inferno, un lugar mágico donde el mar ruge con fuerza y las olas rompen contra las rocas. Sentí la energía del lugar, la fuerza de la naturaleza en estado puro. Luego, subí al Mirador de Fedorentos, desde donde se divisan las islas Cíes y la costa gallega. La vista era espectacular, un paisaje que te deja sin aliento.
Bajé a la playa de Melide, una de las más bonitas de Ons, y me di un baño en sus aguas cristalinas. La sensación de frescor y libertad fue indescriptible. Luego, me tumbé en la arena y disfruté del sol y del silencio.
A mediodía, me acerqué al pueblo de Ons para probar el famoso pulpo a la onsense. Un manjar que me supo a gloria después de la caminata. También probé otros platos típicos de la cocina gallega, como el pescado fresco y el marisco.
Después de comer, me animé a hacer snorkel en la playa de Area dos Cans. El fondo marino de Ons es un espectáculo de colores y vida. Vi peces de mil formas y tamaños, estrellas de mar y erizos. Me sentí como un explorador submarino.
Por la tarde, me uní a un grupo de personas que estaban haciendo una visita guiada por la isla. El guía nos contó historias y leyendas de Ons, nos explicó la flora y la fauna del lugar y nos mostró lugares que no habríamos descubierto por nuestra cuenta.
Al atardecer, me senté en una roca a contemplar la puesta de sol. El cielo se tiñó de colores cálidos y el mar se volvió dorado. Fue un momento mágico, un final perfecto para un día inolvidable.
En definitiva, Ons me conquistó. Me demostró que es mucho más que un lugar para relajarse. Es un paraíso para los amantes de la naturaleza, para los aventureros y para aquellos que buscan experiencias auténticas. Si te animas a visitarla, te aseguro que no te aburrirás ni un segundo.