La sociedad en la que vivimos es consumista y nos hemos acostumbrado a vivir a un ritmo muy diferente al que se marcaba hace pocos años. Seguramente, para la mayoría de nuestros abuelos las compras a plazos eran algo que no entraba en sus planes, al menos durante la primera etapa de sus vidas. Si no podían comprar algo, esperaban hasta ahorrar lo suficiente para tenerlo. Pero eso ya no es una opción para la mayoría de nosotros ya que los electrodomésticos o el coche no son ya objetos de lujo, sino de primera necesidad. Por eso, en caso de necesitar reponer uno de estos productos, acudimos a las ventas a plazos.
Pero también es cierto que, al familiarizarnos con esta manera de comprar, con las tarjetas de crédito y las cómodas mensualidades, es fácil caer en la tentación de comprar más de lo que necesitamos y de llegar a tener una deuda considerable de la que muchas veces, ni tan siquiera somos del todo conscientes ya que pagamos todo en pequeñas cuotas y, cuando contraemos un pago nuevo, muchas veces lo hacemos pensando en los gastos mensuales, pero no en la deuda total que ya tenemos.
Mientras tengamos trabajo, todo puede ir bien. Pero si por cualquier causa se tuercen las cosas y enfermamos, perdemos el empleo o sucede cualquier situación por la cual nuestros ingresos descienden notablemente, pagar todas las deudas puede ser algo imposible.
¿Somos cien por cien culpables si llegamos a no poder pagar nuestras deudas? No podemos eludir parte de la responsabilidad, pero también lo es de quienes ofrecen créditos sin analizar la capacidad de endeudamiento de quién lo contrae. Sobre todo, porque la formación financiera que tienen la mayor parte de las personas de a pie es muy baja.
Verse en esta situación tiene una solución, acudir a un abogado ley segunda oportunidad en Vigo para que estudie nuestro caso. Con esta ley, muchas personas pueden ver como su deuda desaparece y pueden comenzar de cero. Pero no es la única forma de hacer las cosas. Para quienes tienen capacidad de pago, esta ley obliga a que se refinancien las deudas, tal vez acumulándolas todas en un solo préstamo y aumentando el tiempo para pagarlo, de manera que se reduzcan los intereses y las cuotas bajen. Siempre con el compromiso de que no se contraerán nuevas deudas.